‘El hombre no ha de terminar en la tierra’: Una visita al artista Gyula Kosice

REVISTA CONTRATIEMPO
OCTUBRE – NOVIEMBRE 2013
http://www.revistacontratiempo.com.ar/sequeira_kosice.htm

‘El hombre no ha de terminar en la tierra’: Una visita al artista Gyula Kosice
Jessica Sequeira

Desde la calle Humahuaca, al borde de Almagro, parece una residencia ordinaria, con puertas altas y angostas y solo un timbre que te avisa ‘Apretar fuerte’. Averiguo que la dirección escrita en mi cuaderno es correcta. No sé que espero. Lo único que estoy segura es de los datos biográficos que averigüé antes de venir. Que Kosice es de origen checo y que se mudó para acá cuando tenía cuatro años. Que su nombre artístico ‘Kosice’ fue el nombre de su pueblo de origen. Que fue el fundador del Movimiento Madí – ahora casi mítico en la historia del arte del siglo XX en la Argentina. Y que propuso una ‘ciudad hidroespacial’, sobre la cual aún hoy sigue trabajando en su taller, al que le gusta llamar su ‘museo’. Realmente no sé que sucederá al otro lado de esta puerta.

Pero al instante en que se abre, todo queda más claro. Esperaba justamente esto delante de mis ojos. Acá está la suma de todas mis visiones del espacio y del futuro: una combinación de sueños y viejas historietas. Joyas azules como las de un ovni, plástico y metal contorsionados en grandes estructuras, luces de neón, agua en movimiento y divanes de cuero blanco entre otras cosas. En la entrada, en un marco, hay un recorte con el título ‘Diálogo hidraulizado con Jorge Luis Borges’, que es su entrevista al gran escritor publicada el 30 de diciembre de 1984 en La Nación. Incluye al lado del texto una foto de los dos, en blanco y negro.

Si lees el artículo, queda poco claro que Borges compartió las ideas sobre las ciudades futuras en el espacio, pero es igualmente claro que conoció, por lo menos a nivel básico, el movimiento Madí y la revista vanguardista fundada por Kosice, Arturo. Esta fue la posición de Kosice por mucho tiempo: parte de una vanguardia que se mantenía bien conectada. También conoció a Jean Paul Sartre, André Malraux, Alberto Giacometti, Ray Bradbury y Le Corbusier, entre otros.

Me llevaron a una pieza pequeña en el fondo, llena de diarios apilados y carteles pegados sobre la pared, donde me dicen que Kosice está esperando. No puedo evitar la sensación de que ahora voy a ver a la araña tras de toda esta telaraña de arte, llena de conceptos y locura. O que voy a ver un cerebro enorme en un frasco, puro intelecto. Y al fin lo veo, con su aspecto inocuo aunque quizás un poco sospechoso. Lleva una chaqueta de pintor azul oscura y manchada, otra abajo del polar y otra camisa todavía por debajo de esas dos. Sus pantalones son marrones y sus zapatos parecen cómodos. Tiene cabello gris peinado con mucho gel. En abril va a cumplir 90 años.

Dice que solo puede hablar unos pocos minutos y antes que comencemos me regala un libro muy grande y en color, que es su biografía. Habla bajo y tengo que acercarme bastante para entender sus palabras. Durante la entrevista queda claro que está en contra del arte académico, tradicionalmente realista, y que por lo tanto busca ‘una verdadera creación, no una copia de la naturaleza sino una presencia de la obra en si misma’. Por eso, cuando le pregunto si el arte no figurativo propuesto por su Movimiento Madí, todavía tiene un papel importante en la sociedad, contesta: ’totalmente’. Con la evolución de la tecnología, la fotografía vuelve no necesario el arte que aspira sólo a copiar. En cambio, su arte no quiere reflejar – que sería aburrido – sino imaginar, repensar y alterar este mundo. Su filosofía de la vida, concluye, es ‘corregir el azar: no solo en la obra de arte sino en la vida misma.’

Después, un chico veinteañero que se llama Hernán me muestra el museo, cuatro salas con un piso arriba. Corresponden más o menos a distintas épocas y estilos de su arte. Mientras caminamos, hablamos; me dice que Kosice nunca tuvo una formación ‘importante’, que siempre tenía ayudantes para hacer lo necesario en la parte material y que su brillantez se muestra principalmente en la parte conceptual aunque en lo otro también es más que competente.

Actualmente Kosice tiene dos ayudantes: Hernán y su padre Jorge, además de un nieto quien se encarga de la parte administrativa. Cuando pregunto como se encontró en este trabajo, Hernán sonríe: ‘Hace muchos años que mi padre vino, como vos, a hacer una entrevista. Y se quedó, para después traerme a mi.’

Mientras escucho, trato de procesar todo el estímulo visual alrededor, que representa las distintas etapas artísticas de Kosice: la de Madí, la de lumínica y la de la ciudad hidroespacial. En 1944, cuando solo tenía veinte años, Kosice fundó la revista Arturo, su nombre elegido cuando buscó la definición de ‘Arte’ en el diccionario de la Real Académica Española y se topó con esa palabra, el nombre de una de las veinte estrellas más brillantes del universo. La revista, importante para la vanguardia de esos días, esbozaba las ideas que dos años después darían origen al movimiento Madí.

Lo básico del movimiento es la valoración de lo no representativo. Según el manifiesto Madí, que también fue un producto del infatigable Kosice, se tiene que aspirar para ‘la presencia, la ordenación dinámica móvil, el desarrollo del tema propio, la ludicidad y la pluralidad como valores absolutos, quedando, por lo tanto, abolida toda injerencia de los fenómenos de expresión, representación y significación.’ O sea, abstracción, invención y puro color, todo en el servicio de ‘la lucha por la construcción de una nueva sociedad sin clases que libere la energía y domine el espacio y el tiempo en todos sus sentidos y la materia hasta sus últimas consecuencias.’ Dice Hernán: ‘Parece una negación, pero no lo es.’

El Madí es lo que le ganó fama, que se propagó como pólvora, tal que artistas en Francia y otras partes de Europa comenzaron a producir su propio arte según sus postulados. De hecho existen todavía hoy algunos ‘Neo-Madís’ trabajando con estas ideas. Pero, por el año 1948 Kosice quería hacer algo más. Hernán me explica que fue raro para un artista de su género decidir ‘dar un salto’ así, y que ‘a diferencia de los otros, no seguía haciendo siempre lo mismo’ aunque el arte que los otros siguieron creando era críticamente valorado. Kosice empezó a experimentar con luces, agua y otros medios. Hernán me muestra varias gotas enormes moldeadas de plástico y llenas de agua, que dice que son excepciones a su regla de ‘no representación’. Para mí no son excepciones; son las gotas más raras y perfectamente formadas, casi extraterrestres, que he visto en mi vida.

Estos nuevos elementos eran como una transición. Ya tenían que ser usados al servicio de una visión mas grande, para apoyar una visión no limitada por lo que tenía que ofrecer esta tierra. Durante esos años Kosice comenzó a pensar cada vez más en la fragilidad de este planeta, de las otras posibles opciones abiertas a la humanidad. Leía muchos libros sobre espacios alternativos y sobre la arquitectura. Así nació la idea de la ciudad hidroespacial, que introdujo en Arturo con un artículo ilustrado titulado ‘El hombre no ha de terminar en la tierra’ y que desarrolló después en otro manifiesto y en diseños a lo largo de su carrera. Esta ‘construcción del hábitat humano, ocupando realmente el espacio a mil o mil quinientos metros de altura’ sobrevivirá porque ‘tomando agua de las nubes y descomponiéndola por electrólisis, es posible utilizar el oxígeno para respirar y el hidrógeno introduciéndolo en una máquina de fusión nuclear proporcionaría energía más que suficiente’ y debido a ‘la posibilidad de cristalización del agua derivándola hacia una polimerización que la cualifique energéticamente.’

Kosice creía entonces, y todavía cree, que un día esa ciudad existirá. Supuestamente preguntó a la NASA si tal proyecto podría llevarse a la realidad y desde ese órgano venerable le contestaron que sí, si no fuera por las inmensas sumas de dinero que se involucraría. Pero para Kosice vale la pena porque ‘en la ciudad hidroespacial nos proponemos destituir la angustia y las enfermedades, revalorizar el amor, los recreos de la inteligencia, el humor, el esparcimiento lúdico, los deportes, los júbilos indefinidos, las posibilidades mentales hasta ahora no exploradas, la abolición de los límites geográficos y del pensamiento.’

Las maquetas e instalaciones son prototipos de este futuro, un poco como el Planetario de la ciudad con sus colores y su rareza. Hernán me deja para seguir ayudando con el arte y para permitirme tiempo y espacio para mirar mejor. Deambulo esas salas de nuevo, caminando lentamente, pausando en frente de algunas fotos de él con otros artistas y figuras famosas. También hay una exposición de sus libros de crítica y poesía (18 en total). Una vida asombrosamente prolífica, que no muestra señales de frenar. En Octubre va a dar una exposición en el Centro Pompidou de París. También mantiene un blog diario. En el fondo las gotas de agua caen, pacíficamente.

Por fin salgo al aire de la calle Humahuaca. Recuerdo mi visita a esa ciudad en Jujuy algunos años atrás: su belleza natural, su presencia indígena y su inocencia eran completamente al contrario de este mundo nuevo propuesto por Kosice. Muchas figuras vanguardistas de este país, como Borges, rechazaron lo ‘argentino’ en este sentido – lo criollo, lo indígena, etc – a favor del porteño como inspiración para un futuro deseado. Kosice también rechazó lo ‘argentino’ más allá de Buenos Aires. Pero lo hizo a favor de algo aún más grande: una visión de espacio hermosa, cósmica y universal.

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JESSICA SEQUEIRA nació en San José, California en 1989. Es escritora, historiadora y traductora. Actualmente reside en Buenos Aires. Realizó estudios de grado en la Universidad de Harvard (Estados Unidos) y de posgrado en la Universidad de Cambridge (Reino Unido). Está interesada en las conexiones entre la producción cultural y el pensamiento político. Ha publicado varios artículos en revistas argentinas, norteamericanas y británicas. 
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